Hemos olvidado que aquí trabajan seres humanos”

Hemos olvidado que aquí trabajan seres humanos

Las personas necesitan más que una estrategia, conexión

 

Por Adrián Rojas

No sé en qué momento pasó, pero un día empezamos a confundir estrategia con éxito. Empezamos a creer que cambiar la presentación de Power Point a Canva, que un mejor diseño o un plan a cinco años era suficiente para cambiar el rumbo de una empresa.

La verdad es que, el que piensa así, está equivocado.

Porque las organizaciones no se mueven por gráficos. Se mueven por emociones. Por historias. Por sentido. Se mueven —y a veces se detienen— por las personas que las habitan.

Te lo digo desde la experiencia de líder y de subordinado, si hoy entras a la mayoría de las empresas, notas que no se respira entusiasmo. Se respira aguante. Supervivencia emocional. Rutina con sabor a resignación. Y lo más duro es que lo normalizamos. Hemos aceptado que el 70% de los colaboradores no deberían estar tan comprometidos como si fuera una ley natural, como si no pudiéramos hacer nada para cambiarlo.

Pero, pienso que sí podemos.

Y no, no se trata de poner una mesa de ping pong o tener viernes de pizza. Se trata de volver al origen, de recordar que trabajamos con seres humanos. Con personas que tienen una historia, un talento, un miedo, un sueño. Con personas que no quieren sobrevivir en su trabajo, sino sentirse vivas en él.

A veces solo observo y siendo un profundo dolor, porque estoy seguro de que en muchos lugares del mundo hay líderes, quizá puedes ser uno de ellos, que genuinamente quieren hacer las cosas mejor. Que se rompen la cabeza creando estrategias brillantes. Que contratan especialistas, rediseñan organigramas, renuevan la misión. Y cuando nada cambia, se frustran. Se preguntan: “¿Por qué no funciona? ¿Qué más puedo hacer?”

Y ahí está la clave.

Nos hemos enfocado tanto en perfeccionar la estrategia… que olvidamos conectar con las personas que la tienen que ejecutar. Queremos avanzar “a pesar de la gente”, cuando deberíamos avanzar a través de la gente. Queremos resultados… pero sin vínculos.
No significa que no tengamos que tener una estrategia, sino que además de eso necesitamos vincular a las personas.

¿Sabes cómo se llama eso? Esto se refiere a un término en inglés llamado “Engagement”
He escuchado que lo traducen por “Compromiso”, pero la verdad es un termino que para traducirlo al español no basta con poner otra palabra. El engagement implica un compromiso afectivo con la empresa, con el trabajo y con lo que hago.
El engagement no se mide. Se siente. No es un KPI. Es una atmósfera. Un latido común. Es ese momento en el que un colaborador deja de decir “la empresa” y empieza a decir “mi equipo”. Es cuando se da cuenta de que su trabajo tiene propósito, de que alguien lo valora, de que no está solo. Y ahí… empieza la magia.

Lo más curioso es que muchos líderes se sorprenden cuando escuchan esto. “¿Pero ¿cómo hago para que se sientan valorados? ¿Para que conecten con el propósito? ¿Para que actúen sin que yo tenga que empujarlos todo el tiempo?”

Y yo te digo: no empujes más.

Empieza a invitar. A inspirar. A despertar curiosidad. Pregunta cosas como: ¿Qué sueñas lograr aquí dentro? ¿Qué te frustra? ¿Qué podríamos hacer diferente? ¿Qué parte de ti estamos desaprovechando?

Porque cuando alguien se siente escuchado… se vuelve imparable.

Y aquí hay algo más que podrías tomar en cuenta, el compromiso no solo es vertical. No basta con conectar al colaborador con el propósito. También hay que conectar a las personas entre sí. Porque una estrategia puede ser inspiradora, pero si no hay una red de colaboración real, si cada quien trabaja para sí mismo, si nadie se habla con honestidad… la ejecución se cae.

Por eso digo que hay dos grandes abismos en las organizaciones, el de la desconexión con la estrategia… y el de la desconexión entre las personas. Y si no construimos puentes sobre ellos, ningún plan —por perfecto que sea— llegará a su destino.

Ahora bien, cuando esos puentes existen… cuando el equipo siente que pertenece, que importa, que puede aportar sin miedo… entonces ocurre algo hermoso, y es que la gente no quiere irse. No porque haya miedo afuera, sino porque hay amor adentro.

Suena extraño hablar de amor empresarial, estoy seguro de que algunos hasta se sienten incómodos al leerlo. Pero reflexiona sobre esto, el compromiso verdadero no nace del deber… nace del vínculo. Y las empresas que entienden esto no solo retienen talento. Lo multiplican. Lo liberan. Lo hacen brillar.

Así que, querido líder, quien quiera que seas, mi invitación es esta:

Deja de buscar recetas. Empieza a buscar conexión. Deja de diseñar estrategias para ser ejecutadas… y empieza a co-crearlas con quienes las vivirán. Deja de asumir que sabes lo que motiva a tu equipo… y empieza a preguntar. Y, sobre todo, deja de mirar números… y empieza a mirar ojos.

Porque en cada persona que lideras… hay una historia esperando ser reconocida. Una chispa esperando ser encendida. Y una fuerza creativa que —si se libera— puede cambiarlo todo.

Y si lo logras… tu empresa no solo tendrá resultados.

Tendrá alma.

 

 

 

 

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